Los trastornos alimentarios son las alteraciones más comunes de la conducta en el acto de comer.
Anorexia
En la anorexia las señales más claras de estas enfermedades se descubren a través del rechazo a mantener el peso corporal por edad y talla (ocasionando una pérdida importante de peso), el temor intenso a engordar, y la alteración de la imagen del cuerpo en la que la persona se ve o se siente gorda a pesar de estar muy delgada.
Bulimia
La Bulimia es un trastorno de la conducta alimentaria que afecta principalmente a adolescentes jóvenes del sexo femenino y que se caracteriza por:
Trastorno por Atracón
Necesidad imperiosa de ingerir grandes cantidades de comida, de alto contenido calórico, en un corto periodo de tiempo. La persona experimenta pérdida de control sobre la alimentación y un malestar significativo.
La obesidad y el sobrepeso, son definidas como una acumulación excesiva o anormal de grasa, que puede afectar la salud de una persona desde diferentes niveles.
Desde un punto de vista médico, la obesidad se diagnóstica de acuerdo con el Índice de Masa Corporal (IMC) de una persona, teniendo en cuenta que este se calcula partiendo de la relación entre el peso y talla de una persona. De acuerdo con la OMS, se considera que una persona es obesa sí tiene un IMC igual o mayor a 30, y se considera que tiene sobre peso si este Índice es igual o superior a 25.
La obesidad es uno de los trastornos de la conducta alimentaria que se están viendo con mayor frecuencia en la clínica psicológica.
¿Cuáles son los aspectos psicológicos relacionados con la obesidad Y y sobrepeso?
A menudo las personas que padecen obesidad tienen una imagen corporal negativa y/o distorsionada que dista de la realidad. Ambas realidades generan malestar, sufrimiento e incluso rechazo, que conviene trabajar y readaptar para liberar esta insatisfacción corporal.
Aquí entran en juego múltiples elementos, desde aquellos aspectos que cada persona tiene en cuenta a la hora de alimentarse, de escoger lo que come, cómo lo come, etc.. Hasta aspectos más esenciales como patrones o tendencias familiares, gestión de nuestras emociones ligadas a la comida, etc.
Tanto la ansiedad como la depresión dificultan el bienestar de la persona y en el contexto de la obesidad, suponen una barrera que dificulta la mejora del tratamiento, por tanto, conviene tenerlos en cuenta, evaluar de su existencia y si cabe, sopesar la necesidad del trabajo terapéutico enfocado a la mejora de los mismos.
Se puede dar el caso que presente dificultades en las relaciones sociales y/o familiares, ya sea por causas externas como el valor social de la delgadez y el consiguiente aislamiento de la persona que no cumple con él o bien por causas internas propias del individuo que atienden a dinámicas familiares y que pueden estar favoreciendo el problema del peso.
Además, en personas con obesidad se da con mayor frecuencia dificultades en el área sexual, comportando también consecuencias psicológicas que conviene considerar.
Es una realidad muy ligada a las personas que padecen sobrepeso u obesidad. Esto no quiere decir que exista en el 100% de los casos pero sí en muchos de ellos, además de estar muy ligada a la imagen corporal negativa que comentábamos al inicio de este apartado.
Tanto la valoración que hacemos de nuestro físico como la valoración de nuestra persona determinan muchos de nuestros actos. Si una persona solo se centra en valorarse por las cifras de peso y ve que siempre son negativas, es muy probable que viva con un continuo malestar y rechazo hacia ella misma que le dificulte no solo el tratamiento si no el bienestar del día a día.
El caos en la alimentación a menudo puede conllevar que se extrapole o contamine al caos de otros hábitos como la actividad física, el descanso, etc. La dificultad añadida en casos de sobrepeso y obesidad es el mantenimiento de los logros y los cambios conseguidos ya que en muchos casos, se trata de cambios superficiales que no se mantienen a largo plazo y que dificultan a su vez, la motivación, una buena salud y la adherencia al tratamiento.