Los niños sufren berrinches, lloran, se aferran, se bloquean, se retiran o se niegan a hablar en situaciones sociales.
El niño puede negarse a ir a la escuela o a eventos sociales. La razón que ellos dan suele ser un síntoma orgánico, como dolor de cabeza o de estómago.
Los niños están aterrorizados por la idea de sentirse humillados ante sus compañeros por dar una respuesta equivocada o decir algo inapropiado, llegando incluso a avergonzarse o a vomitar. Cuando el miedo es excesivo, los niños se niegan a hablar por teléfono o a salir de casa.