Son pensamientos sobre una misma cuestión, y se denominan rumiativos porque se producen con una alta frecuencia. Suelen ir acompañados de emociones muy intensas en coherencia con el contenido del pensamiento. Así los pensamientos rumiativos, pueden producir grandes dosis de emociones displacenteras como inquietud, miedo, tristeza, rabia, entre otras. Normalmente surgen ante situaciones que nos preocupan, y consisten en dar vueltas y vueltas a la misma cuestión.
Los pensamientos rumiativos, son esos en los que entramos a veces cuando estamos preocupados por alguna cosa, le vamos dando vueltas a lo mismo sin conseguir llegar a ninguna parte. A veces somos capaces de pararlos, pero en ocasiones entramos en una espiral de la que es más difícil salir, ocupándonos demasiado tiempo, dificultándonos la atención y concentración en nuestras actividades diarias, impidiéndonos disfrutar de otros momentos. Suelen estar asociados a niveles elevados de ansiedad, preocupación, aunque también suelen aparecer en otros trastornos. A veces se trata de algo puntual, en un momento de crisis o afrontando algún problema importante, y cuando éste se resuelve, cesan este tipo de pensamientos.
Efectos negativos de los pensamientos rumiativos
1. Producen emociones muy intensas, que resultan desbordantes.
Las emociones, para que sean útiles y adaptativas, han de ser moderadas y ajustadas a la magnitud de la situación que las ha desencadenado. Así, emociones desagradables que algunas personas desearían eliminar de su día a día, se mantienen presentes por un tiempo mayor del necesario. Además dificultan el afrontamiento de la situación problema.
2. Producen agotamiento físico y emocional
Mantener niveles altos de intensidad emocional supone un esfuerzo para el organismo, lo que conlleva un gasto de energía innecesario.
3. Produce alteraciones en el sueño y en el descanso
Como decíamos en el punto anterior, las emociones generadas son muy intensas, por lo que repercutirán en la calidad y contenido del sueño.
4. Pérdida de atención y concentración en el momento presente
Por lo que disminuye la productividad en las tareas que se realizan. Además se dejan de percibir información del momento presente, por lo que se pierden oportunidades.
5. Condicionamiento de situaciones
El pensamiento tiene un poder inmenso a la hora de cambiar el valor de las situaciones o estímulos con los que nos relacionamos. Al pensar repetidamente sobre una situación, las emociones que se generan quedan asociadas con gran intensidad a las situaciones objeto del pensamiento. De este modo, una persona puede desarrollar aversión o miedo ante una situación solo por haber rumiado en muchas ocasiones pensamientos o imágenes negativas.
6. No ayudan a pasar página
Este es el caso de duelos patológicos, ya sea por el fallecimiento de un ser querido o una ruptura de pareja. Seguir anclado en el pensamiento no permite olvidar a la persona y abrirse a nuevas posibilidades.
En cada persona los pensamientos rumiativos surgen con una función. Es decir, cumplen con un propósito que tiene algún tipo de beneficio puntual. Por tanto, para ayudar a combatirlos será necesario conocer las causas y función de los mismos
¿Por qué se producen estos pensamientos?
Una de las “funciones” que cumple el pensamiento rumiante es un intento de proporcionar seguridad interna y reducir o eliminar la incertidumbre. El pensamiento rumiante se retroalimentaría sin fin porque no es posible eliminar toda la incertidumbre al 100%. De algún modo la persona muestra una especie de “intolerancia” a la tensión interna que le generan situaciones que no controla, de inseguridad, o de incertidumbre. La dificultad en sostener la tensión interna que eso le genera activa patrones de pensamientos que se retroalimentan y que pueden ocupar la mayor parte de nuestro pensamiento.
La mente, en general, tiene dificultad para dejar asuntos inconclusos o para dejarlos inacabados…, y a menudo la mente tiene un sesgo en focalizar la atención hacia lo que falta, hacia el error, lo mejorable…
Un rasgo típico en las personas que presentan este perfil es la necesidad de control interno o externo sobre una serie de aspectos de su realidad. Esta necesidad de control sigue esquemas de pensamiento/emoción orientados hacia un estado de alerta constante, percepción de potenciales amenazas, funciones de prevención y anticipación de riesgos…, etc. Entonces hay un sesgo negativo hacia los posibles “peligros” percibidos, ya sean imaginarios o reales, porque la prioridad es la evitación de que se hagan reales una serie de escenas temidas incorporadas en la subjetividad de la persona, y lo “urgente” es el intento de proporcionarse esa seguridad subjetiva. Esto a menudo genera diálogos internos exigentes y severos con uno mismo que se instalan y se automatizan en el mundo psicológico de la persona y que pueden tener un elevado coste psicológico y llegar a indicadores de trastorno cuando la persona ha perdido la capacidad para autorregular esta dinámica y, por así decir, pierde el control de la sintomatología, limitando aspectos importantes de su vida cotidiana y generando daño psicológico.
Es por eso que el enfoque para abordar el problema debe entenderse como un reaprendizaje o cambio de hábito y necesita un entrenamiento sostenido en el tiempo.
En los casos en los que los pensamientos rumiativos se vuelven persistentes, hay que buscar la ayuda de un terapeuta porque estos pensamientos negativos en bucle van asociados a estados de estrés y ansiedad. No obstante, mientras se hace psicoterapia se pueden poner en práctica algunas técnicas que consiguen desactivar la red neuronal por defecto, algunas de las cuales son utilizadas por los terapeutas.